Miércoles, 11 Septiembre 2013 10:18

Con los pies en la tierra

La importancia de los pies y su desarrollo

El pie sirve para sostener y mover nuestro cuerpo: reconoce el terreno en el cual se apoya, se adapta al mismo y amortigua sus irregularidades, garantiza, con el ritmo ondulante del peso de un miembro al otro, la posición erguida y el caminar.
El primer esbozo del miembro inferior aparece como una pequeña flexión hacia el exterior del embrión aproximadamente en la 4ª semana de vida intrauterina. A la 9ª semana, cuando el embrión mide aproximadamente 55 milímetros, los dedos del pie ya están bien formados.

Este es el período más crítico del desarrollo en el cual el embrión está muy expuesto a la acción de agentes dañinos: la rubéola, por ejemplo, es una enfermedad viral contagiosa que si se contrae durante el primer trimestre de embarazo, puede ocasionar graves deformaciones en el pie. Y también por esto es importante la vacuna contra el rubéola en las mujeres fértiles. Igualmente, en este período pueden resultar dañinos los rayos X (no someterse a radiografías en los primeros meses de embarazo) y la contaminación química y física del medio ambiente.

Cuando el niño nace el pie mide aproximadamente entre 7 y 9 centímetros: es relativamente largo en relación a los miembros inferiores y se presenta con la punta hacia arriba (dorsiflexo), postura que asume en las últimas semanas en el útero materno y que mantiene luego durante algunos días, después del nacimiento.

Para que el desarrollo posterior, que se completa con la finalización del crecimiento, sea correcto, es necesaria la intervención de todos los músculos, que son los más poderos modeladores de nuestro esqueleto.
Por lo tanto, el cuidado del pie debe evitar, en primer lugar y especialmente con los calzados que usamos todos los días, mortificar e inhibir el funcionamiento de los músculos del pie. Los zapatos sirven para defendernos del frío, de la dureza de los terrenos artificiales como el asfalto, el cemento, el piso de casa, pero no deben encerrar el pie en una jaula rígida. Por el contrario, deben promover la actividad armoniosa de todos sus músculos.

Ante la presencia de malformaciones y deformaciones, el tratamiento ortopédico tiene la especial misión de restablecer una forma del pie compatible con un apoyo que garantice un correcto balance muscular, indispensable para la posición erguida y para caminar con los pies en la tierra, sin dolor ni insuficiencias funcionales.




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